Juegue que yo lo observo…

Juegue que yo lo observo Platón decía: “En una hora de juego se puede descubrir más acerca de una persona que en un año de conversación”.

Una tendencia en auge que alegra y optimiza el trabajo; la posibilidad de incluir una dosis de juego en la jornada laboral para incrementar la creatividad y la productividad en la empresa. El juego está de moda. Jugamos para aprender, para compartir, para mover el cuerpo, para informarnos y hasta para trabajar. Lo lúdico irrumpe en todas las facetas de la vida y la oferta se multiplica por todos lados en forma de pasatiempos digitales, circuitos recreativos, concursos y todo tipo de gadgets tecnológicos. En cualquier lugar tenemos (y queremos) diversión: en la oficina, en la escuela y, por supuesto, también en nuestro tiempo libre. Por eso, proliferan los talleres dedicados a la creatividad, aparecen nuevas herramientas educativas que incorporan el divertimento y una larga lista de profesionales ofrecen sus servicios para guiar sobre cómo incorporar lo recreativo en las empresas. Empresa y juego son compatibles. Y no solo eso: son deseables juntos. Dejamos atrás los tiempos en los que el entretenimiento estaba mal visto –era sinónimo de frivolidad y vagancia– y nos centramos en los valores que aportan los juegos, y que son muy rescatables para la eficacia de una compañía: reglas, sociabilización, atención, diversión. “Ni pérdida de tiempo ni cosa de niños”, dice Candelaria Mantilla, propietaria de Maldón, una empresa de juegos de mesa que, contra todo pronóstico, sedujeron al mercado y no paran de crecer. Ella asegura: “Ahora se ha tomado conciencia de que todas las características del juego hacen posible un aprendizaje más fluido”. “El juego es una especie de microuniverso que uno decide habitar por un período de tiempo”, “es un lugar donde uno se divierte, se relaja, libera y se permite ser más cosas”, lo lúdico aterriza en los escritorios laborales para fomentar la creatividad y, por ende, la productividad de la empresa. “Cuando la gente se divierte y se siente bien, trabaja mejor”, sostiene Paula Molinari, directora de la consultora Whalecom, especializada en desarrollo y procesos de cambio. Y más aún, aquellas tareas que requieren mayor concentración encuentran en el juego una herramienta utilísima para que las mentes se aireen y luego prosigan su labor con más creatividad. “En otros países del mundo, el juego se viene usando hace más de treinta años en el campo empresarial. Hasta la NASA incluye un componente lúdico en la preparación de pilotos de aeronavegación: la simulación”, comenta Inés Moreno, al frente del estudio que lleva su nombre y que implementa el entretenimiento en sus procesos de consultoría desde hace más de treinta años, cuando la cuestión era casi una mala palabra. Hoy, sin embargo, es una de las más convocadas en su ámbito.
Limar asperezas a través de juego de roles:
Se puso una capa y, en su delirio de superhombre, ideó una solución brillante para un problema crónico de la empresa. Y en la misma jornada, su compañero, embadurnado de betún para imitar los bigotes y la barba del jefe, le develó a su superior, en plena recreación, actitudes que molestaban y generaban malestar entre los trabajadores. “Tras el atuendo o la interpretación de otro rol, el trabajador siente que no pone el cuerpo y así libera toda presión de expresar lo que piensa.
Por eso, el disfraz y otras herramientas incentivan el aporte de las personas, la innovación, el compartir”, indica Molinari, que demuestra con el ejemplo que el objetivo es facilitar la comunicación para que el equipo pueda crear, soltar o limar asperezas. Las técnicas para provocar esta clarividencia son varias y distintas: se puede echar mano del cine para recrear escenas que sean disparadores de realidades laborales; elaborar un mural para plasmar ideas complejas a través de habilidades artísticas, como la pintura o el collage; simular una orquesta; solucionar conflictos con las manos enfundadas en títeres; cocinar; seguir un bingo temático; o armar un espectáculo de canto y baile al más puro estilo Broadway. ¿Se imaginan? Pues hay más. Porque en este ambiente de realidad paralela los objetos también ayudan a introspeccionar con diversión: una baraja de naipes para practicar la gestión del tiempo, tarjetas de role-playing, pañuelos para actuar a tientas, etcétera.

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