Decidir o no decidir…esa es la cuestión…

Esa zona de confort tan cómoda pero que nos mantiene atados a nuestros sillones mientras observamos impasibles el transcurrir de nuestras vidas, porque al fin y al cabo esto es lo que hay.

Allá por los años 80, hubo una película francesa que se llamaba “la vie est un long fleuve tranquile” -la vida es un largo río tranquilo – no recuerdo el argumento de la película pero desde el primer momento recuerdo que esta metáfora me llamó mucho la atención. Hoy, más de 30 años después, sigo pensando en esa metáfora y sigo sin saber si es cierta o no. Porque de tranquila nada… basta con ver los noticieros para entender que no es tranquila, donde la noticia mala es superada por la noticia peor… Y sin embargo… no pasa nada… las malas noticias ya forman parte de nuestra zona de confort, el conformismo también.

A mucha gente le cuesta tomar decisiones porque no estamos acostumbrados a ello. Desde pequeños nos educan desde el paradigma de no cometer errores (basta con ver la batería de exámenes tipo test que hay a lo largo de la carrera), desde el paradigma de la seguridad del empleo (desde el cual, en nuestra zona de confort, creemos que un trabajo, cualquier trabajo, es un tesoro). desde la creencia de que “como en mi país no se vive en ningún sitio” y un largo etc. que nos llevan a permanecer impasibles, enfadados, ofendidos, avergonzados…pero en nuestra zona de confort.

Si no estamos bien en esa zona, y a pesar de todo permanecemos en ella, es en muchas ocasiones por miedo, miedo a lo desconocido (otra vez el refranero popular viene a apoyar esta idea con el magnífico “más vale malo conocido que bueno por conocer”), miedo a equivocarse, miedo a no ser perfecto, miedo al fracaso, miedo a reconocer que no lo controlamos todo, miedo a perder lo que tenemos, etc… ¿qué nos queda entonces en la zona de confort cuando ya no se está tan cómodo?: culpar a los demás, culpar a las circunstancias, entonar el tan famoso “es que”, autodescalificarnos (es que yo no valgo, es que yo no sé, es que no tengo suerte…) y recurrir a un victimismo que siempre estará a nuestro lado para darnos la razón…porque si no cambiamos nuestras forma de hacer las cosas, si siempre hacemos lo mismo, no conseguiremos resultados distintos. Y no lo digo yo, esta cita se la debemos a Albert Einstein.

Decidir o no decidir…esa es la cuestión…en la zona de confort reside la respuesta a esta cuestión.

Decidir salir de la zona de confort es la respuesta a esta cuestión. Las circunstancias son las que son y tal vez con el tiempo mejorarán, pero en el día de hoy, para cambiar nuestra suerte hay que hacer cosas distintas, ver las cosas de manera distinta, atreverse a reinventarse y a pensar distinto, poner fecha a nuestros sueños y empezar a realizarlos, paso a paso. Y no, no tiene por qué ser fácil, pero esperar sentado tampoco lo es, resignarse y ver como tu título académico pierde valor a medida que van pasando los años no es fácil, resignarse y creer que cualquier trabajo es un tesoro, tampoco lo es.

Las respuestas proactivas a estas circunstancias anteriormente descritas son positivas. Desde la responsabilidad, desde el empoderamiento, desde la ambición de tener una vida mejor, muchos emprendedores han generado su propio trabajo y otros puestos, muchos jóvenes han salido al extranjero a buscarse la vida y a vivir una experiencia que no hubieran vivido viendo el tiempo pasar en casa de sus padres, otras muchas personas en otros ámbitos están actuando porque no se resignan a aceptar las circunstancias.

Los coaches no damos consejos porque confiamos en que nuestros clientes tienen los recursos suficientes para lograr sus objetivos. Atreverse a salir de la zona de confort es uno de los elementos claves para conseguir nuestros objetivos, no se garantizan los resultados y no tiene por qué ser fácil… Pero es lo que decidimos hacer.

Dejar de ser espectador para ser protagonista de nuestra vida navegando en ese largo río que no tiene nada de tranquilo…esa es la cuestión.

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